Hora de presentar el comienzo de mi biblioteca personal de recursos visuales. Un espacio donde he plasmado los conceptos que con mayor frecuencia uso en mi trabajo. He intentado representar fielmente todas mis emociones.

Desde que finalicé la carrera de Educación Social, mi paso por 3 entidades sociales, mi trabajo con diferentes colectivos, nuevas metodologías educativas que empleamos, lugares donde hemos conseguido establecer los talleres y finalmente mi proyecto en solitario. Todo ello intentando ser fiel a todo lo que siento y he sentido durante casi 5 años a nivel profesional.

He asignado imágenes que representan (o lo intentan), a todos los conceptos que me han rodeado en mis últimos tiempos. Desde neurocognitivo, juegos o emociones a talleres y conocimiento compartido. Cada uno representado y asignado por un dibujo sacado desde lo más profundo de mi imaginación y ser.

Poco a poco, iré ampliando mi propia biblioteca visual personal, donde poder acudir siempre que así lo necesite o sencillamente por placer.

Para todo este reflejo de creatividad matutina, he usado (como no podía ser de otra manera) la opción manual. Respeto enormemente el potencial digital pero soy de los que piensa que ciertas cosas nunca deben cambiar. Ya sea el uso de un lápiz sobre el papel para dar forma a tus ideas o el tacto de un libro. Sencillamente no es lo mismo. En fin, ¡volvamos!

En esta opción he usado tan sólo 1 lápiz y 1 folio en primera instancia. Dejando fluir mi cabeza, plasmando, borrando, concentrándome y sonriendo casi a la vez. Una vez tenía claro el “concepto” que quería transmitir y dado el visto bueno a mi composición mental en el papel, era hora de pintar.

El lápiz pasó a ahora a mero espectador tras su papel y dejó paso a los rotuladores y acuarelas. Herramientas que llevo usando desde mi más tierno yo, ahora enterrado en burocracia y deseando salir de nuevo a la superficie. Para las acuarelas reconozco que he empleado algo nuevo para mí, un pincel de agua. Es un híbrido. Tiene el aspecto de un rotulador al uso, la punta de un pincel y lo puedes rellenar de agua.

Para mi gusto personal es mucho más cómodo que un pincel clásico en el trazado, limpieza posterior, manejo y guardado. Ha sido toda una sorpresa que ya he incorporado a mi colección de recursos. Una herramienta cómoda que sin duda recomiendo a todo el mundo.

Al resultado final todavía lo tengo a juicio, pues uno de mis defectos es que considero que nunca nada está lo suficientemente bien hecho. Por eso aún miro al folio resultante con ojos de incertidumbre y todavía busco en los rincones de mi mente nuevos dibujos e ideas que plasmar. Cualquier espacio en blanco peligra, más aún de la mano de mi nuevo aliado, el pincel de agua.

En la siguiente entrada relataré el resultado de intentar aplicar en todo momento la regla del 6×6. Propuesta por Dan Roam en su libro “Tu mundo en una servilleta”. Pero eso ya será la próxima vez.

Espabila que sonreír es gratis.

 

Alex Campos Urrutia

@Rodia_Ps   @Educarlex_es

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