Que frío hace esta mañana. Es uno de esos días que anuncian a gritos que tendrás las emociones a flor de piel. Ayer me llamó una señora para pedir información del taller pero en cuanto llegué a la parte de la explicación donde pongo de manifiesto que uso juegos para entrenar la memoria, se produce un cortocircuito en los pensamientos de quién me llama, de quién habla conmigo. Muchas de las personas que me llaman incluso antes de yo explicarles nada, me preguntan por el tipo de “fichas” que empleo en el taller. Oiga usted…desde aquí aprovecho para decir que repudio las fichas, como le dije a ella y como les digo a todos.

Huyo de ese concepto, de esas intervenciones cuya base son entregar un papel junto a un bolígrafo (los más cercanos, otros te piden que lleves tú el bolígrafo) y esperar sentado a ver los resultados. ¿Resultados? ¿Qué esperas conseguir si lo único que haces es eso? ¿Cuál es el objetivo? ¿Valorarás con el temido color rojo las fichas que entregas? No. Acabo rápido.

Me niego a esas prácticas cómodas tan usadas y tan normalizadas, tanto que me preguntan por ellas como si eso fuera lo normal. Por eso me encanta desbaratar ideas, pensamientos establecidos, será que lo de ser inconformistas lo dará el gremio pero mucho me temo que no.

Le explico a la señora X que no hay fichas, que nunca las ha habido y es más, nunca las habrá. Aquí se juega, se ríe y se emociona. Se juega y con los juegos que se emplean se entrenan y trabajan todos los procesos cognitivos. La mayoría me pregunta con cierto estupor si “sólo” hacemos eso. Esto daría para una reflexión y muchas entradas futuras pero no aquí. Si señora, “sólo hacemos eso”. Por eso siempre digo lo mismo, usted venga y pruebe.

En fin, volvamos.

De nuevo están esperándonos, a pesar de llegar con 10 minutos de antelación, ya se ríen al vernos. Montamos las mesas muy rápido mientras charlamos. Jimena está con muchas ganas de empezar y me encanta a la vez que me sorprende. Ella acudió el año pasado al primer taller de atención y memoria, aludiendo que lo hacía un poco por cumplir con su hijo. Es argentina y recién se había mudado a Almería, un cambio demasiado brusco, ella lo sabía y yo lo sabía. Hicieron falta bastantes sesiones de taller pero finalmente la Jimena que ella decía que era salió a la luz y cada lunes nos sorprende a todos. Es la magia de este taller.

Hemos comenzado con el Story Cubes como juego de presentación empleando los dados, es una mecánica muy simple y realmente efectiva. Cada uno dice su nombre y algo que quiera expresar en ese momento (sentimientos, vivencias, lo que quieran) y tira el dado. El siguiente repite la mecánica pero previamente dirá el nombre y la figura del dado de su compañero o compañera. Es una mecánica muy simple pero efectiva, ya que en multitud de ocasiones han expresado emociones o hechos que necesitaban compartir con el grupo. Es en el grupo donde han encontrado un espacio para abrirse y compartir. Esta mecánica nos ha llevado a reír, a enfadarnos, a debatir ideas o a emocionarnos. De nuevo las emociones. La escucha activa, querido lector. Deberías probarla, ayuda.

Le llega el turno al Dobble  y al Fantasma Blitz, agilidad mental y velocidad de procesamiento a tope. Al principio se quejaron de lo rápido que son estos juegos, palabra clave, principio.

No tardamos en ver en acción a estos 2 juegos que desde luego aquí y ahora aseguro no tienen edad, aunque aprovecho para decir y siguiendo el hilo de la edad que la mayoría de estos juegos marcan como edad ideal para jugar de 4 a 99 años…sigamos con otra cosa.

Los últimos 20 minutos los hemos centrado en el Ikonikus, uno de los pocos juegos que conozco cuyo objetivo es expresar sentimientos y emociones que de otra forma no tendrían cabida, como es el caso de Lope (otro día os hablaré de Vega, su magnífico alter ego), que aprovechó la dinámica del juego y los nexos que estos crean para expresar un problema grave que tiene su hijo y mostrar sin temor alguno sus más íntimas emociones.

No me cansaré nunca de llevar por bandera ciertas cosas y una de ellas es el uso de juegos o llámalos otras dinámicas si así lo prefieres, pero úsalos. No temas.

Vuelvo a Jimena, se emociona al escuchar a Lope. Aun siendo la matriarca del grupo con sus 85 años, es la más entusiasta a la hora de jugar y muestra gran predilección por la interacción con los demás miembros del taller con su gran humor argentino aderezado con ese toque almeriense que ya empieza a tener.

Acabamos ya, ¿no? Pues eso, espabila que sonreír es gratis.

 

Alex Campos Urrutia

@Rodia_Ps   @Educarlex_es

Un comentario en “Las emociones son fáciles. #14Noviembre”

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