Más Educación Social = Más Comunidad

Por administrador
israel educador social

No es necesario ser un experto en nada para entender la necesidad que tenemos en este momento socio-histórico por fomentar mayor cohesión social y mayor convivencia intercultural en cada uno de los barrios del Estado español. No es necesario ser un experto analista para con, tan solo echar una mirada a los medios de comunicación o redes sociales, la necesidad de comenzar, de manera urgente, a construir más puentes y derribar más muros. Quizás a raíz de esto, de la influencia de los medios de comunicación de masas, estamos presenciando, como protagonista de una película barata, una erosión constante de las relaciones basadas en la igualdad.

 

Tendemos hacia la diversidad, hacia una mayor diversidad. De manera irremediable, viajamos en una sociedad que tiende a ser cada día más diversa y plural, entendiéndose esto desde la más amplia de las acepciones. La diversidad, de cualquier índole (sexual, religiosa, étnica, ideológica, sensitiva, funcional…) ha sido, de manera histórica, una fuente de capital humano de incalculable valor. Ante esta realidad el reto se encuentra en el compromiso por la gestión de la diversidad. Una gestión de la diversidad de carácter democrático.

 

Ante este escenario, necesitamos herramientas y recursos. Herramientas concretas que trasciendan las buenas palabras. Es el momento de los hechos y de las acciones. De posicionarse ante una realidad, en ocasiones demasiado fluida. Y ante esta realidad, muchas más veces de las que se debería, se suele obviar la Educación Social, quizás como un simple erros, quizás como un síntoma.

 

La Educación Social como disciplina pedagógica promueve y facilita la incorporación e integración de las personas a una realidad diversa caracterizada por unas redes sociales cada vez más plurales, para la circulación social, el desarrollo de la sociabilidad y la promoción cultural y social del mismo a través de la adquisición de bienes culturales. Herramientas y habilidades que permitan a las personas ampliar sus perspectivas educativas, laborales, de ocio, así como el desarrollo de competencias para la participación ciudadana en su contexto más próximo.

 

La Educación Social, como disciplina pedagógica, ha sido considerada tradicionalmente tanto desde la perspectiva de los ámbitos específicos de trabajo del educador y la educadora social, tales como la educación de adultos, la educación de calle o la Animación Sociocultural, o a través de los fines que se persiguen alcanzar con la acción socioeducativa.

 

Desde el Consejo Estatal de Colegios de Educadores y Educadoras Sociales (ASEDES) se define la Educación Social tanto como profesión de carácter pedagógico como el derecho del ciudadano y de la ciudadana, sujeto del proceso educativo, a ser integrado a las redes sociales y así, poder acceder a bienes culturales que le permitan ampliar sus perspectivas educativas.

 

Como características distintivas de la Educación Social, el ámbito social y su carácter pedagógico, deberíamos poner en valor tres de las principales maneras de entender la Educación Social y su ejercicio profesional:


  1. Como forma primordial de la educación al atender a su esencia de perfecta socialización del individuo.
  2. Como un aspecto importante de la educación general.
  3. Como forma pedagógica del trabajo social en casos de exclusión social y el riesgo de exclusión.

Es a partir de los años 80, en plena transición democrática, cuando en el Estado Español y  «gracias al advenimiento de la democracia y a las nuevas formas del estado del bienestar, al incremento de los sectores de población marginal y, principalmente, a la conciencia de responsabilidad frente a los nuevos problemas derivados de la convivencia»,​ cuando el ejercicio profesional de la Educación Social tuvo una rápida expansión en España lo que se reflejó en el real decreto 1420/1991 que el 30 de agosto de 1991 creaba la Educación Social como diplomatura universitaria.

 

Una realidad que supuso de catalizador en un momento en el que la sociedad necesitaba herramientas de cohesión y no elementos de disgregación. Sin embargo, y aunque ha sido largo el camino recorrido, en ocasiones parece que todavía nos encontramos en una larga travesía profesional por el desierto.

 

El desconocimiento hacia la Educación Social por gran parte de la población, la ignorancia en cuanto a sus competencias profesionales desde la propia administración, y el borrado de la profesión en procesos selectivos, medios de comunicación… nos hace ver la necesidad de seguir justificando cuanta falta hacen los educadores y educadoras sociales en el momento actual.

 

Como he comentado al principio de este texto, cada día caminamos hacia una sociedad más plural y diversa, una sociedad marcada por el desarrollo de un capital humano repleto de oportunidades. Solo, eso sí, si somos capaces de entender esas diferencias como “lugares comunes” para el encuentro y la convivencia, algo que, en este momento, muchos medios y posicionamientos políticos se empeñan en distorsionar. Para construir mayor comunidad y mayor convivencia, necesitamos mejores herramientas, y esa posición la ocupa, sin duda, la Educación Social.

 

Sin embargo, el desarrollo de estrategias para la cohesión social y la participación ciudadana requiere también del respeto y el reconocimiento hacia una profesión de carácter histórico. Requiere del posicionamiento claro de aquellas personas que ejercemos la Educación Social a diario y de la unión entre ellos y ellas.

 

No podemos mirar hacia otro lado, si en algún momento ha sido necesaria la Educación Social para generar comunidad, es sin duda, ahora.

 

Israel López Marín

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