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El Tercer Sector y los servicios sociales básicos ante la crisis

¿Esta nueva realidad social generada por la crisis sanitaria está poniendo de manifiesto las carencias de las que padecían el Tercer Sector y los servicios sociales?

En este país nuestro, gran parte de los servicios y programas destinados y centrados en la inclusión social, son gestados, gestionados y cubiertos por entidades sin ánimo de lucro. Todo su proceder, ahora evidentemente interrumpido por el confinamiento al que estamos siendo sometidos, descansa sobre los hombros del trabajo directo tanto de profesionales contratados como tal, como de la gran influencia de voluntariado presente (ya hablaré de esto último en otro momento).

Todas estas entidades que conforman el tejido social de España, forman parte del Tercer Sector de Acción Social y, por supuesto, prestan un servicio de carácter público. Muchas de ellas pertenecen a la Red Española de Lucha contra la Pobreza y están agrupadas en la Plataforma Tercer Sector, donde ya se ha alertado de la peligrosidad de la cancelación de algunos programas y de la necesidad de tomar medidas que «aseguren» la continuación de otros.

No debemos olvidar el impacto directo que la sociedad en su conjunto, aunque más unos que otros, sufrió durante la crisis financiera del año 2008 pero, en especial, el Tercer Sector y todas las políticas sociales. Todas aquellas organizaciones que consiguieron resistir la acometida se convirtieron en un recursos vital para la continuidad de muchos programas de atención social.

Ahora bien, en este convulso y dramático año 2020 que estamos viviendo, ¿es posible en tiempos de confinamiento mantener la atención social, emocional y educativa a personas con dichas necesidades?

¿Qué ocurre con los programas socioeducativos cuando la actividad se detiene?

Una parte muy importante de los llamados programas socioeducativos dirigidos a colectivos vulnerables tienen como pilar la formación, en concreto, la formación para la accesibilidad al mundo laboral y promoción personal. Ahora bien, si la actividad se ha visto obligada a detenerse, también lo han hecho en su totalidad los procesos formativos, al menos de manera presencial lo cual es un gran problema para aquellas personas que no disponen de herramientas para la alternativa 2.0.

Este problema también lo ha visto compartido en parte la Educación Social, puesto que muchos y muchas profesionales han visto interrumpido su labor diaria en sus puestos de trabajo, como por ejemplo en las Residencias de Ancianos. Cierto es, que se ha habilitado una alternativa en cuanto al teletrabajo y que en otros lugares la actividad sigue aunque tomando grandes precauciones, pero incluso con grandes precauciones, todo se ha paralizado, ralentizado y complicado.

Es evidente que la palabra «limbo» está adquiriendo un nuevo significado en estos tiempos de confinamiento debido al Covid-19, puesto que muchos procesos, metodologías, profesionales, familias y en el fondo, personas, han quedado relegadas a pertenecer a ese limbo que cada día oímos por las noticias. «¿Y ahora qué? ¿Qué puedo hacer? ¿A quién me tengo que dirigir?»

Estoy seguro que cuando todo esto pase, porque pasará, surgirá el término «limbo social» o similar para dar voz a todo un sector de la población.

 

La Educación Social en tiempos de confinamiento, ¿más social que nunca?

La Educación Social ha sido, es y será a todos los efectos la herramienta para una sociedad más humana en especial para aquellas personas en situación de vulnerabilidad. Del mismo modo, no consiste sólo en ofrecer y brindar unos servicios a los colectivos vulnerables. También es proporcionar todos los medios al alcance para la inclusión en una sociedad cada día más deshumanizada, la independencia y el desarrollo personal y profesional. Esa labor pese a todo, se sigue haciendo hoy, adaptándose y reinventándose a cada paso nuevo que da (como muchos otros sectores). ¿Cómo poder hacer todo esto cuando no podemos salir y reina el silencio en las calles?

Es una pregunta que actualmente tiene una difícil respuesta, pues no será hasta pasado varios meses, que veremos realmente el impacto directo que ha tenido y tienen en el Tercer Sector y los servicios sociales. Por fortuna (aunque todos estos datos deben cogerse un poco con pinzas) se están llevando a cabo medidas para garantizar la atención a las víctimas de violencia de género, la atención y adaptación a desempleados que se encuentran cursando diferentes formaciones, medidas para la protección de la infancia, personas con diversidad funcional, etc. Aunque debo insistir en que el término «pinzas» pues todos los días tenemos un bombardeo de datos que actualizan o desdicen los ya aportados o incluso desmienten. El caos y la desinformación parece que reinan hoy más que nunca.

Lo que está claro es que esta crisis sanitaria que estamos viviendo está teniendo un enorme impacto, pero es ahí donde encontramos el compromiso de todos los y las profesionales que se reinventan cada día para hacer frente a esta situación intentando minimizar lo máximo posible las secuelas que como sociedad se están generando. Dentro de unos meses la situación para el Tercer Sector será más dura y severa pues todos los programas de políticas sociales enraizados en la misma, quedarán supeditados en su gran mayoría a la tan ansiada reactivación económica.

El nuevo horizonte que se nos dibuja como sociedad y el reto que de ella deriva, debe desarrollar nuevas formas de inclusión social y políticas sociales y es ahí, donde la Educación Social, tiene mucho que decir para, con y desde el Tercer Sector y los servicios sociales.

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