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El poder de la mirada de una Educadora Social – Carmen Cerpa

En esta ocasión os presento las experiencias de las prácticas curriculares de Carmen Cerpa, Educadora Social y Monitora OTL (os dejo el enlace a su entrevista edusa aquí).

Desde Educarlex quiero agradecerle infinito su buena predisposición a compartir con la plataforma y con el mundo de la Educación Social, sus experiencias vividas durante su periodo de prácticas curriculares. Estoy seguro que más de una persona tomará nota del enorme potencial tanto de la profesión, como de ella misma como gran profesional.

¡Os dejamos con ella!


Para situaros antes de comenzar a contaros mi experiencia en las prácticas curriculares, os comento que realicé la carrera de Educación Social en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).  Debo admitir que tuve la suerte de tener como profesores a grandes profesionales que desde primer curso intentaron vincularnos la materia que impartían a la destreza social. Ejemplo de ello fueron dos experiencias de Aprendizaje Servicio en Centros Educativos de Polígono Sur para cubrir el tiempo de Enseñanza Práctica y de Desarrollo de asignaturas como Didáctica de la Educación Social. Por ello, al llegar a las prácticas curriculares ya disponía de habilidades previas.

Para la mayoría de los estudiantes el periodo de prácticas es el más ansiado pues es donde daremos nuestros primeros pasos hacia nuestra profesión. En mi caso, me llevé un gran chasco cuando accedí al listado de prácticas pues no encontré a ninguna de las entidades y fundaciones en las que quería desarrollar mis funciones. No me quedó más que la autogestión. Una ardua tarea en la que me llevé algunas desilusiones más… En algunos de esos intentos me hicieron pensar que no tendría el futuro que había imaginado como Educadora Social pues nuestro perfil no lo encontraba ni lo requerían en muchas de estas organizaciones.

A todo este caos debo añadir que el periodo de prácticas del tercer curso lo realicé en una estancia Erasmus, que no era un Eramus Prácticas. Personalmente, me parecía una pérdida de tiempo dejarlas para otro curso aunque algunos de mis compañeros decidieron optar por esta vía. Y, aunque tuve que insistir a varios profesores de la Università degli Studi di Napoli Federico II, finalmente me ofrecieron buscar una entidad y proponerles realizar una labor similar a la que realizaría un educador social allí.

Una entidad, que trabajaba por la integración del colectivo inmigrante, cercana a la que era mi casa en Nápoles fue la elegida. Poco después comprendí que cercana a mi casa solo estaba la sede y el desplazamiento a mis lugares de trabajo fue una de mis grandes aventuras diarias. La duración de estas prácticas era de 240 horas pero invertí bastantes más por mera satisfacción personal. Varias de las personas que fueron mis «compañeras de trabajo» pasaron a ser amigas que mantengo años después de esa experiencia.

Pero no todo fue tan idílico al principio. Supongo que no se esperaban que «una erasmus» quisiera involucrarse tanto así que decidieron tenerme los dos primeros días haciéndome amiga de la fotocopiadora. Decidí compartir mis quejas con Lino, el coordinador del Proggeto Iara del que más tarde empezaría a formar parte. Me acuerdo como si fuera ayer:

 

«Che non sei venuta a fare fotocopie?… Sei già stata a Secondigliano?». (¿Que no viniste a hacer fotocopias? ¿Ya has estado en Secondigliano?)

Llamó a una tal Emmilienne y le dijo entre risas como si yo no entendiera nada de italiano:

«Que a la española le gusta el riesgo. Vas a ser su tutora, a partir de mañana trabaja contigo.»

 

Yo creía que se estaban pitorreando pero no puedo estar más agradecida a esas dos personas por todo lo que me enseñaron y por su humor constante.

Al principio, siempre acompañada de Emmilienne, visitaba los diversos servicios de acogida y atendía a los beneficiarios que se encontraban en ellos. Algunos días hacíamos reuniones de equipo o entrevistas en la oficina pero, en poco tiempo, pasaron a traerme las fotocopias e incluso los cafés a mí. En apenas un mes ya realizaba acompañamientos a la policía, servicios sanitarios o centros de formación de forma autónoma. Incluso llegaron a dejarme a cargo de un hogar en los últimos días para ver cómo lo gestionaba. Me sentí una más y eso fue gracias a la confianza que me dieron pero también a que lo me gané.

También guardo especial cariño a muchísimas de las personas con las que me crucé en esos días. Algunas eran chicas casi de mi edad a las que habían intentado captar para redes de prostitución, otras familias desesperadas por un futuro para sus hijos…Mi relación fue tan cercana que incluso asistí al funeral de uno de ellos aunque hubiera preferido estar presente en la boda de una pareja cuyo hijo me robó el corazón desde el primer día.

El colectivo requirente de asilo e inmigrante en general me demostró que merecían aquello por lo que un día emprendieron el camino hacia Europa y que nadie era apto para decirles que su historia no era suficiente para ser ciudadano de este primer mundo… y es que como se dice en Less Onlus: «Accogliamo sogni» (Damos la bienvenida a los sueños).

Cuando llegó el momento de comenzar el nuevo periodo de prácticas descubrí que mis compañeros de carrera habían tenido que elaborar un proyecto el año anterior y que en este segundo año en la entidad pondrían en marcha el proyecto. Este hecho no tiene en cuenta que muchos estudiantes deciden hacer las prácticas en dos ámbitos, entidades o lugares diferentes. Yo hice mil cosas en Less Onlus pero a la universidad solo tuve que presentarle un documento donde la entidad certificaba que había realizado dichas horas y las funciones que desempeñé. En conclusión…que en el segundo periodo de prácticas tuve que hacer el doble de trabajo.

El contacto con los niños de las familias con las que traté en Less Onlus me llevó a autogestionar de nuevo las prácticas enfocándome esta vez en los más pequeños.  Desde Italia ya contacté con el director del Centro de Acogida Inmediata al que finalmente convencí para que aceptara mis prácticas. Este centro lo gestiona la «Fundación Márgenes y Vínculos«.

De nuevo debo mencionar eso de que «la confianza se gana», ya que las primeras de las 360 horas de este periodo de prácticas las dediqué a empaparme de memorias anuales, proyectos educativos, normativas y rutinas de los hogares. Eso sí, la coordinadora de educadores nos presentó en todos los hogares y nos ofreció la posibilidad de colocarnos en el parte que quisiéramos aunque deberíamos ir rotando para pasar por todos. Yo decidí comenzar por el hogar en el que estaban las adolescentes y gradualmente pasé por el resto de menor edad.

Una convivencia sana con un grupo con necesidades tan diferentes se volvió un reto. Durante un tiempo me tambalee entre la disyuntiva de ganarme la autoridad o ser autoritaria. Tuve que comprender que algunas veces solo necesitamos que alguien se dé cuenta de lo que grita nuestra mirada. Cuando me esforcé en conseguir la primera nunca más me hizo falta la segunda.

La función de los educadores era cubrir, prioritariamente, los primeros eslabones de la pirámide de Maslow: alimentación, descanso, seguridad, higiene, educación, salud…Yo intentaba llegar un poco más lejos para hacer lo que la falta de tiempo y los turnos rotativos se dejaban atrás: el afecto individualizado. Dejé de preguntar a los niños y niñas qué querían ser de mayores para comenzar a interesarme por sus gustos y a resaltar sus capacidades. Desde entonces mi metodología de trabajo es la vinculación.

Como conclusión:

  • Podrían mejorarse los convenios con fundaciones acorde a la demanda e intereses de los estudiantes. Debemos hacérselo saber a los responsables de las prácticas de nuestra universidad y dejar constancia en las encuestas de satisfacción del grado.
  • La relación con la universidad durante el periodo de prácticas no es fluida. Parece que se desprenden de nosotros y en muchos casos esto supone un total desamparo de los estudiantes.
  • Hay desconocimiento entorno a las funciones que podemos realizar. Algunas organizaciones con convenios se aprovechan de esa falta de información.
  • Beneficiarse del periodo de prácticas, desde la elección del centro hasta el aprendizaje que sacas de allí, depende mayoritariamente de ti.
¡No te olvides de compartir!

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