África ▷ Educadora Social en un centro de reeducación de menores

Inicio de la entrevista


ESPACIO PERSONAL

  1. Lo primero y puede que más importante, cuéntanos un poco de ti.

Mi nombre es África y tengo 49 años. Nací y vivo en València, de padres y abuelos manchegos muy humildes, dedicados a trabajos de campo y a la construcción. Mis padres emigraron a València en la España de los años 60. En general mi niñez y adolescencia no han sido fáciles. Empecé muy joven a trabajar aparcando mis estudios, pero pronto me di cuenta que no quería estar toda mi vida detrás de un mostrador vendiendo joyas y relojes, que fue lo que empecé hacer para tener mis propios ingresos y no depender de nadie económicamente. Reanudé estudios con 19 años sin dejar de trabajar. A los 37 años me matriculé en la UNED para cursar Educación Social, y antes de ser diplomada me contrataron en un centro de reeducación de menores de régimen cerrado.

Allí estuve cerca de siete años coincidiendo con los peores años de una crisis y con un gobierno que nos asfixiaba. Estuvimos hasta cuatro meses sin cobrar (año 2012), porque la consellería de justicia y bienestar social no tenía dinero para pagar al centro, de gestión privada. Me despedí yo, después de un periodo de baja por ansiedad. Habían demasiados compañeros y compañeras en mi situación, con bajas y con denuncias al centro. He trabajado como administrativa cerca de 10 años antes de esta experiencia como edusa, en empresas sociales, turísticas y sanitarias; otros tantos como auxiliar de enfermería, tanto en empresas privadas como en la pública. Acumulo variedad de profesiones y contratos de trabajo, y hoy en día sigo formándome. También llevo unos años aprendiendo diseño gráfico y practicando el dibujo.

Me apasiona leer, escribir y pintar. La creatividad es la mejor medicina. Actualmente mi profesión es TCAE (Técnica en cuidados auxiliares de enfermería) y creo que me quedaré aquí, en la sanidad pública, en la de todos y todas, a la que le también le vendría muy bien que trabajaran educadoras y educadores sociales.

 

  1. ¿Qué tipo de libros te gustan?

En mi casa había pocos libros. Mi madre no sabía leer ni escribir, nunca fue a la escuela. Un día me propuse enseñarle con ayuda de cuadernillos rubio. En mi infancia me gustaba más quedarme en casa, leer o hacer deberes, que salir a jugar a la calle. En esa época llegó a mis manos el principito. Leí libros de aventuras que me fascinaron, como Robinson Crusoe, propuesto en la escuela pública donde estudié EGB. Más tarde descubrí la novela negra, otro género que me motivó a descubrir nuevas historias.

La poesía también ocupa una parte importante de mi vida. Tuve una época que leía y escribía poesía para escapar de una realidad que no me gustaba demasiado. Después descubrí El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir, que me recomendó mi profesor de filosofía en bachiller, también en la educación pública. Uno de los géneros que más disfruto es el de la ciencia ficción, sobre futuros distópicos, mundos imaginados, fantasía. Me gusta la ciencia, es en lo que creo, y también me apasionan las ciencias sociales y humanas, y la capacidad creativa que tenemos. De ahí que mis lecturas del día a día sean ensayos de estas temáticas. Adoro también la novela gráfica y he ido descubriendo algunas autoras ilustradoras que cuentan e ilustran vidas e historias. En este momento estoy leyendo “Sapiens” y “La residencia de señoritas”. El anterior libro que leí fue “El Suicidio” de E. Durkheim.

 

  1. ¿Cómo te describirías con una sola palabra?

Autoexigente

 

  1. ¿Cuál es tu película favorita?

Es difícil responder esta pregunta, pero decir que le tengo mucho cariño a En busca del arca perdida. La vi en el estreno y siempre que la vuelvo a ver me trae los mejores recuerdos de mi infancia y también de un viaje que hice a Egipto.

 

  1. Si te dieran la oportunidad de obtener un superpoder, ¿cuál sería?

Ya tengo superpoderes. La resiliencia es un de ellos. La capacidad de empezar de nuevo a soñar y a crear, después de que se haya destruido todo tu mundo. Siempre se puede volver a empezar, mientras haya vida. Alguien dijo: Mientras haya vida, hay esperanza.


ESPACIO PROFESIONAL

  1. ¿Qué cambios habrías introducido en el plan de estudios de tu Facultad o Escuela, si hubieras podido? Y si volvieras a empezar tus estudios, ¿qué harías de modo diferente?

He disfrutado mucho de la asignatura de didáctica general y de programas y proyectos de animación sociocultural, es decir, de la parte más creativa y práctica. Me hubieran venido muy bien asignaturas que aborden más el juego y las dedicadas al diseño creativo y artístico. Las educadoras sociales somos creadoras de materiales didácticos, de juegos, de actividades que se ajustan a necesidades diversas y particulares de una persona, un individuo y/o un grupo concreto. Si hay una combinación multidisciplinar que optimice la función central de la educación social, es la de bellas artes. La educación social está muy cerca de la cultura como motor de creación de cultura y de nuevas alfabetizaciones. La creatividad y funcionalidad concreta de la didáctica y la creación de proyectos socioeducativos, es quizá lo que más nos diferencia de otros profesionales a los que contratan para trabajar como “educador@”, cuando en realidad son trabajadores sociales o psicólogas. Es como si en vez de operarte una cirujana, te opera un enfermero. ¿Qué puede salir mal?

En nuestra profesión es vital seguir formándonos, nos lo exige el ritmo y demandas de la sociedad y del momento que nos toca vivir, en constante transformación.

 

  1. ¿En qué consiste para ti la Educación Social? ¿Cuáles son a tu juicio los rasgos más significativos de la Educación Social?

Es una profesión que nace de la necesidad de dar respuesta a personas, grupos, colectivos o instituciones, en la que se hacen necesarios unos conocimientos específicos, unos principios que se detallan en nuestro código deontológico, es una profesión totalmente vocacional que requiere ciertas capacidades, habilidades y destrezas. La creatividad, la empatía, el reconocimiento de la diversidad y el respeto por las diferentes culturas y grupos sociales. El conocimiento del mundo globalizado, de las herramientas comunicativas y tecnológicas propias del presente que nos ha tocado vivir, protagonistas de grandes cambios sociales. La Educación Social implica la defensa de los derechos humanos y de los grupos sociales más desfavorecidos.

 

  1. ¿Con qué ámbito de la Educación Social te sientes más identificada?

Hay muchas cosas que he disfrutado como educadora social, pero me siento más identificada con la creación de actividades, juegos, talleres, programación de proyectos, evaluar programas y proyectos. Me gusta la parte dedicada a las actividades extraescolares. Un año tuve la oportunidad de llevar a cabo un proyecto de actividades extraescolares que yo ideé para las vacaciones navideñas, al que titulé “Un joc per a cada dia”. Esa parte me gusta y se me da bien. También realicé una evaluación y estudio de un programa de actividades extraescolares que se ofertaba en una escuela pública. Fue un trabajo muy valorado por el AMPA y el consejo escolar, un trabajo muy productivo que dio paso a algunos cambios, con el objetivo de mejorar este servicio educativo, por el bien de familias, alumnado y centro. Las empresas privadas de actividades extraescolares, un caballo de Troya para nuestra escuela pública. Me gusta la investigación, la evaluación y el ámbito juvenil y cultural.

 

  1. ¿Tienes algún tipo de formación complementaria? En el gremio de la Educación Social, ¿se necesita una continua formación?

Ya lo he dicho antes. Sí, con rotundidad. Se necesita profundizar en según que ámbito y según con qué grupo o individuo trabajes. No es lo mismo trabajar en el ámbito de la infancia y familia, que en una cárcel, aunque sea de menores. En mi caso he realizado cursos sobre el ámbito de menores y también sobre gestión cultural y ocio.

 

  1. ¿Cuáles son las mayores dificultades presentes en la Educación Social para ti?

En el presente no me dedico a la Educación Social. Llevo casi cuatro años trabajando para la sanidad pública como Auxiliar de Enfermería y estoy muy a gusto con este trabajo. La educación social me ha venido muy bien para hacer aún mejor mi trabajo en el hospital, que no se trata solo de “limpiar culos”. Por cierto: en los hospitales también hacen falta educadoras y educadores sociales, tanto por los pacientes como por los y las trabajadoras sanitarias (médic@s, enfermer@s, auxiliares de enfermería, celador@s…). Vivimos una época de grandes cambios y transformaciones sociales, y las instituciones nos necesitan. La Educación Social necesita ser reconocida en este aspecto, que tenga apoyo institucional. La mayoría de la gente no sabe que se trata de un grado universitario, al igual que la Enfermería.

 

  1. Asentando las bases de la siguiente cuestión, ¿podría explicarnos en qué consiste un centro de menores? Le hacemos esta pregunta porque son un gran desconocido para la mayor parte de la sociedad, cuyo único conocimiento de los mismos, parte en la mayoría de casos de información mermada, medias verdades o noticias en su mayoría negativas procedentes de los medios de comunicación.

Hay diferentes tipos de centros de menores. Yo conozco cómo funciona un centro de menores de régimen cerrado, es decir, una cárcel de menores. Los menores que ingresan aquí es por orden de un juez de menores y han de cumplir su pena o condena, según el delito que hayan cometido. Algunos menores, el único delito que han cometido es nacer, nacer en un barrio, circunstancias y familia características. Con una mochila que les lleva a la casilla de la cárcel sin haber cumplido los 18 años. Aunque no todos los menores son iguales ni con las mismas circunstancias. Hay menores que han llegado a España debajo de las ruedas de un camión y otros en cambio llegan al centro por violar a una niña y vienen de muy “buena familia”. Hay diferentes tipos de delitos y por lo tanto hay diferentes tipos de pena o condena. Hay chavales que están allí por hurtos o peleas que se suceden, ligados al mundo de la droga. Hay una gran diversidad de casos.

La función de los educadores y educadoras en este centro de menores, mixto, de régimen cerrado y semiabierto, es el acompañamiento de los menores en todas las actividades programadas por el centro y las que tuvieran lugar fuera del centro, como excursiones, actividades culturales, médico, visitas a familiares que están en la cárcel… sí, en una ocasión me tocó acompañar a un menor a visitar a su madre que estaba interna en la cárcel. En esta función de acompañamiento a los menores, hay que sacar lo mejor de ellos (tienen muchas cosas buenas) y revisar el cumplimiento de normas, a la par que cuidar de su salud en todas sus dimensiones: física, mental y social. Animar, motivar, a recibir formación, a respetarse y a respetar al grupo y demás personas que trabajan en el centro. A convivir.

En el centro había un sinfín de normas no solo para los menores, también para el personal educativo, normas específicas relativas a la seguridad, a los horarios, y lo mismo para los seguridades. Los menores que no cumplían las normas o se negaban a participar en las actividades que tenían programadas, o cuando perdían el respeto a algún otro menor, educador o seguridad: recibían una sanción. Esa sanción podía ser desde perder de 1 a 4 puntos. Cuatro puntos era el máximo diario que sumaban a su haber. También habían sanciones más duras cuando cometían faltas catalogadas como leves, grave o muy grave (la falta muy grave se traduce en un aislamiento en una celda las 24 horas del día), dependiendo de la gravedad de su falta cometida. Los menores cuando ingresaban al centro tenían 0 puntos.

Su ingreso se inicia en un módulo llamado “de observación” y no entra en grupo hasta hacer una valoración por parte del equipo educativo (coordinador, dirección y educador a cargo). El sistema de puntos sirve para medir la posición de privilegios que conseguía un menor y que se tenía que ganar con su “buen comportamiento”. A más puntos más privilegios. Los privilegios son por ejemplo poder tener una tele en su celda o una play, un aparato de música, una cantidad x de películas, ropa propia, abalorios, salir de excursión en grupo y con el educador o educadora, acortar su tiempo en prisión, etc. En estos centros de menores no solo está presente la función educativa sino también la punitiva o de castigo. Es complicado, y más cuando tienes por compañeros gente que no es profesional ni conoce nuestro código deontológico. Creo que la gestión privada de estos centros dificulta mucho la profesionalidad.

 

  1. ¿Cómo ha sido tu experiencia profesional y personal en el centro de menores donde trabajaste durante 7 años? ¿En calidad de qué fuiste contratada?

Fui contratada como educadora grupo B1, presentando un certificado de la uned con los créditos que tenía superados en ese momento de la diplomatura de Educación Social, que eran 100. Con mucha ilusión empecé a trabajar. He tenido momentos muy buenos y enriquecedores. Pero también días horribles. Comencé trabajando en turno de fin de semana en el que hacía 14 horas seguidas un sábado y otras 14 el domingo siguiente. Así estuve 18 meses. Después turno rodado. Me dediqué a proyectar y planificar actividades culturales y de ocio para los fines de semana desde casa. Horas de trabajo no pagadas. Cineforum, talleres  de diferentes temas, etc,. Después hubo un cambio en la dirección del centro, para peor, además la crisis (año 2012) nos tuvo hasta 4 meses seguidos sin cobrar ni un euro. Algunas veces me tocó trabajar con compañeros profesionales y bien, pero otras era difícil trabajar con gente que no es ética, que incumple normas y que cuando tu llegas con una actividad preparada, él compañero “educador, no educador” decide ponerles una película que han elegido los menores sobre boxeo, sin consultar antes conmigo. Por ejemplo, esto me resultaba fustrante y nada profesional.

Creo en el trabajo en equipo y que las decisiones se han de tomar consensuadas. El compañerismo muchas veces brillaba por su ausencia. También observaba formas de los educadores (no educadores) que no solo no eran educativas, sino que conseguían el efecto contrario. Un educador no puede ser racista ni machista, por ejemplo. Además debe tener ciertas técnicas comunicativas y saber qué decir, qué callar, y una buena conducción en cualquier conflicto. A veces he observado conductas de educadores (no educadores) donde utilizaban un lenguaje que derivaba en una “explosión” del menor. Hay que tener en cuenta que hay perfiles psicológicos muy complicados y hay que tener herramientas de mediación y de resolución de conflictos, y por supuesto empatía para dar y vender.

 

  1. ¿Qué necesidades consideras que siguen sin cubrirse en dichos centros?

A día de hoy estoy muy distanciada de este ámbito. Supongo que siguen necesitando profesionales cualificados. Los menores y nuestra sociedad lo merecen, y la educación social merece un respeto, que hoy día todavía no se le tiene. También estoy convencida que una gestión pública sería lo ideal. Que dependieran de la educación pública.

 

  1. ¿Se sigue manteniendo el contacto con los menores cuando se van del centro?

Es algo que desconozco. Imagino que habrá algún tipo de seguimiento, según los casos. No lo sé. El contacto con las familias en este centro es tarea del psicólogo y la dirección del centro. Los menores que no tienen familia, cuando salen ingresan en centros de acogida o centros de menores tutelados.

 

  1. Durante ese periodo profesional, ¿mantuviste contacto con otros y otras profesionales? De ser así, ¿trabajabais de manera conjunta como equipo interdisciplinar? ¿Qué figuras profesionales formaban la plantilla?

Sí, aunque estaban contratados también como educadores y con las mismas funciones que yo, con algunos compañer@s formamos grupos de trabajo para innovar el proyecto de actividades  educativas y la estrategia punitiva. Creamos unas correcciones educativas con el objetivo de hacerles reflexionar sobre su conducta, en otros casos consistía en que tenían que reparar el daño; en otras unos ejercicios escritos para reflexionar sobre los hechos, guiados con el educador@. La idea era buena y evitaba el castigo a la par que les hacía más conscientes. Destaco a los compañeros y compañeras formad@s en psicología, criminología o pedagogía, pero contratados y con funciones de educador@s. Este grupo formábamos el equipo técnico en el que también había un coordinador y un miembro de la dirección.

 

  1. Era casi obligado preguntarte por los hechos acontecidos recientemente en el Centro de Menores de Hortaleza (Madrid) en relación a la granada encontrada, ya que estamos siendo testigos de una creciente ola de rechazo, intolerancia y racismo disfrazado de discurso político que vemos calar cada día más en un sector creciente de la sociedad española. ¿Qué opinión te merece la situación?

Que es la prueba de que hace falta mucha educación social. El auge de la extrema derecha, además de la facilidad que les ha dado las redes sociales para infundir su odio con mentiras rápidas, construidas por los asesores de Trump, es debido precisamente en que hay muchos colectivos vulnerables y fácilmente moldeables. Se necesita una educación para el empoderamiento de la gente y para que la sociedad sea más crítica con el sistema. Educar para la convivencia en un mundo diverso y globalizado y para una democracia cada vez más amplia. La propagación de odio por parte de partidos políticos como VOX, las noticias falsas y el auge del neoliberalismo, es más que nunca nuestro campo de batalla, al igual que ocurre con el machismo. La defensa de los servicios públicos en general y de la educación pública en particular, luchando por el cumplimiento de los derechos humanos y los derechos de la infancia. Es nuestro deber como educadores sociales, allá donde estemos.

 

  1. ¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la que has tenido que hacer frente como profesional?

Que no se me reconozca. Que otros profesionales me equiparen a “una monitora”. L@s educador@s sociales no somos monitor@s. En el centro de menores el equipo de seguridad me ha presentado muchos problemas también. De 15 seguridades, uno era bueno.

Otra de las dificultades es haber estado como responsable, en alguna jornada de trabajo, de un menor que estaba allí por una agresión brutal con posterior asesinato a una persona extranjera, por el hecho de ser extrajera. Era difícil mirarle a los ojos, pero yo le miraba y le decía lo que le tenía que decir. Había mucho odio y mucha chulería en él. Su comunicación no verbal era intimidatoria. Habían educadores y seguridades que quizá por miedo, transformaban su comportamiento en privilegios al menor que no merecía y demasiada permisividad. El menor un día se fugó con ayuda de un seguridad. En su fuga volvió a agredir y también violó a una menor. Este caso es un barco con muchos agujeros motivados por el fascismo, el racismo, el machismo y la xenofobia. A veces te puedes sentir desprotegida.

Otra de las dificultades es llegar al centro y que no te den ninguna información de los menores con los que has de trabajar ese día. Esto me ha estado pasando en la última etapa laboral. Llegas y resulta que el seguridad de turno tiene más información que tu y el menor sabe más de ti. Realmente peligroso. Ha habido casos que he sentido miedo y me he sentido muy indefensa, como aquel turno de noche que tuve que salir con un menor al médico de urgencia de la zona, sin tener apenas información.

 

  1. ¿Recuerdas alguna anécdota de todo tu periodo profesional que te traiga alguna sonrisa en los malos momentos?

Muchas, no todo fue malo. Hubieron momentos muy emocionantes, muchos momentos de risa y disfrute. De ver que tu trabajo sirve para algo. Un año realizamos un festival de fin de curso en el que los menores nos mostraban sus artes. Bailes, cantos, poesía, teatro, dibujos… Fue maravillosa esa jornada. Participé en los camerinos de maquilladora y para paliar nervios del miedo escénico. Todos disfrutamos mucho y se enriqueció el clima del centro en positivo. A los menores les repercutió en el refuerzo de su autoestima. Recuerdo con especial detalle a una menor que escribía muy buena poesía, me gustaba escucharla y le motiva a escribir. Era su medicina para soportar la celda y olvidar lo que tenía fuera. Porque algunos menores tenían mejor vida en el centro que fuera en sus círculos familiares.

He disfrutado mucho cuando se conseguía la complicidad y la confianza, cuando les escuchaba y cuando lloraban conmigo, cuando sacaban lo que les mataba. He disfrutado mucho los talleres culturales con ellos y con ellas, ver lo que eran capaces de hacer, que creciera su autoestima. Me recompensaba el sacar lo mejor de ellos.

 

  1. ¿Qué consejos podrías facilitar a aquellas personas que se postulan para trabajar en centros de menores desde tu experiencia?

Primero que se formen bien y que a pesar de que se encuentren con profesionales, que no lo son en realidad, luchen por cambiar las cosas. Hay mucho que hacer. Acompañar a los menores, educarles en valores, motivarles a aprender y formarse sobre todo para ser personas, es difícil pero es agradable y una labor maravillosa que tiene muchas recompensas, pero bajo una gestión seria y profesional, y alejada de la gestión privada. Hay que luchar por reconocer la figura de la educación social en el ámbito de la educación pública y con gestión pública de los centros de menores.

Quiero destacar la herramienta del diario del educador. Es imprescindible. Anotar cada día cómo ha sido la jornada, problemas que se presentan, logros, reflexiones… Además de redactar cuál ha sido el clima del grupo, cómo te has sentido con el resto de profesionales, emociones, descubrimientos de la práctica, etc. Nos sirven para ser más conscientes y poder reflexionar sobre nuestra intervención, y de cómo avanza cada educando. Hoy en día tengo mis diarios guardados. Aproximadamente tengo unas 5 libretas tamaño cuartilla.

 

  1. Actualmente te encuentras trabajando en la sanidad pública como Auxiliar de Enfermería (ya que contabas con dicha formación). ¿Volverás a ejercer como educadora social en algún momento?

No lo descarto si se da una buena oportunidad, pero ahora mismo estoy bien con lo que hago, aunque las auxiliares de enfermería no estamos tampoco ni bien reconocidas ni bien pagadas, es una profesión que siempre me ha gustado. Somos las profesionales de la sanidad que más cerca estamos de los pacientes, que atendemos sus necesidades básicas y que tenemos la oportunidad de mejorar su salud a través de los cuidados y de nuestra manera de comunicarnos, al trasmitir tranquilidad y confianza. Hacemos el paso por las clínicas y hospitales más fácil y cómoda, y creamos un vínculo emocional con los pacientes, necesitamos ser empáticas. Por otra parte somos de gran ayuda al resto de personal sanitario, facilitando las terapias, tratamientos, materiales, instrumental. Hay que ser observadora y rápida, cuidar a los pacientes como cuidarías a tu propia familia. Me gusta mi trabajo, aunque como digo está mal pagado y reconocido.

 

  1. La Educación Social parece que actualmente está reconquistando o alejándonos de términos bélicos, reivindicando, su papel profesional en la sociedad, aunque los obstáculos son muchos y diversos. En un periodo de tiempo relativamente corto, 10 años, ¿cómo “ves” a la Educación Social?

Pues espero que las políticas sociales sean cada vez mejores y más amplias. De momento nos toca seguir luchando por una educación pública de calidad. Esa es nuestra gran conquista, y velar por la profesionalidad y el cumplimiento de nuestro código ético. Tenemos trabajo. Quiero pensar que en 10 años conseguiremos estar dentro de la educación pública, siendo parte de la comunidad educativa. Quiero pensar que los centros de menores serán todos de gestión pública con los profesionales que se merecen nuestros menores. Los menores de hoy son el futuro.

 

  1. El pasado 29 de octubre, mediante Decreto 1190/2019 se ha publicado una convocatoria urgente en la Diputación Provincial de Toledo para la ampliación de la bolsa de Trabajo Social, lo que vuelve a cerrar las puertas de nuestra figura profesional como agentes de igualdad. Como graduado en Educación Social, ¿qué opinión te merece esta situación o similares reiteradas por parte de las diferentes administraciones?

Pues creo que por todo lo dicho en esta entrevista está claro lo que pienso. Que si me tienen que operar de algo quiero que lo haga un cirujano, no una enfermera. La enfermera me hará muy bien una cura, pero la cirugía es otra cosa. La educación es tan importante como la salud o quizá aún más.

 

  1. ¿Cuáles serían para ti las prioridades que tendría que establecer la Educación Social frente a un intrusismo laboral tan exacerbado?

La educación social abarca muchos ámbitos. Desde el ámbito privado es más fácil el intrusismo. Lo primero sería desprivatizar los ámbitos de la educación social, que los educadores sociales sean funcionarios. Trabajar para la administración y que se nos reconozca y no se nos equipare a un trabajador social o a un psicólogo. Podemos y debemos trabajar en equipo multidisciplinares con estos profesionales, con maestros, pedagogos, animadores socioculturales y monitores de ocio y tiempo libre, pero la educación social, ha de quedar claro que es otra disciplina que aporta algo diferente y diferenciado, y se rige por principios tanto educativos, como sociales, que atienden a la diversidad de ámbitos y de personas, grupos y colectivos, y a unas demandas sociales y educativas en constante transformación. Además de que contamos con un código deontológico propio, creado para el trabajo socioeducativo y basado en los derechos humanos.

 

  1. Respecto a lo que la Educación Social se refiere, ¿has tenido que lidiar con la problemática del desconocimiento de tus funciones y competencias propias?

No, eso no lo he vivido ni sentido. En el centro de menores teníamos una larga lista por escrito de todo lo que podíamos hacer y lo que no. Y si no hubiera sido así, las hubiera pedido. Me gusta tener claro y creo que es mi derecho tener claras mis funciones y competencias, y el derecho de rechazar funciones que creo no me corresponden. Lo que sí me ha pasado en el centro es hacer funciones con poco apoyo, sin la seguridad requerida, por ejemplo, y en la etapa que cambió la dirección, muchas veces sin la información necesaria de los menores. En un centro de menores los educadores y educadoras podemos sufrir de mucha incertidumbre y miedo, por no contar con cierta información o tener un mal compañero de seguridad. Es un trabajo que puede presentar riesgos si no se gestiona bien por parte de la dirección o por el incumplimientos de normas de seguridad. También cuando trabajas con profesionales que no son educadores y gestionan mal los arranques de ira o los enfados de los menores.

 

  1. ¿Qué consideras que aporta a la sociedad esta profesión que no puedan hacer otras?

Aporta sobre todo justicia social. Empoderamiento de las clases menos favorecidas. Aporta progreso en general a la sociedad y al mundo. Aporta ciudadanos y ciudadanas más libres y responsables.

 

  1. Para terminar, ¿dónde te ves como profesional dentro de 10 años?

En estos momentos he encontrado algo de estabilidad en la sanidad, después de pasar por infinidad de contratos en diferentes servicios sanitarios durante los últimos cuatro años, desde que dejé el centro de menores. Como me he enganchado al estudio, este año me he matriculado de tres asignaturas de Antropología Social y Cultural, y también práctico el dibujo y el diseño gráfico. No descarto cambiar de nuevo de profesión y trabajar en otra cosa. No lo sé. Mi vida ha dado bastantes vueltas y puede ser que hayan nuevas sorpresas. Algo a lo que me encantaría dedicarme es a escribir, pero para eso se necesita una habitación propia. Ya lo dijo Virginia Woolf.

Muchas gracias, Alex. Espero que esta entrevista sirva al menos un poco para mejorar el reconocimiento de nuestra labor social y educativa, y de la profesión.

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