Bienvenidos al taller de atención y memoria del 16 de enero. Hoy obvio la presentación del frío día gélido que se avecina y de mí ya patente adicción a la cafeína. El taller de hoy os anuncio, es especial. Lope acudió con una bolsa muy grande anunciando que nos traía un regalo a todos y todas. No habíamos comenzado y ya reinaba el buen clima tan característico del taller, del grupo. Son un grupo increíble de personas, todas ellas.

El ambiente invitaba al juego de comunicación con el Story Cubes ya pilar base del taller. Desde que comenzamos el año pasado hasta el día de hoy 16 de enero, el Story Cubes tiene su propósito. Los que conformamos la dinámica hemos conseguido transformar el juego y evolucionarlo hasta llevarlo a un nuevo camino.

La particularidad del día de hoy ha sido diferente. El matiz ha sido otro. Las historias que hoy compartíamos con los demás han servido para generar debate. Un intercambio continuo y fluido donde todos y todas hemos dado apoyo y consejo al narrador del momento. Al terminar toda la ronda hay quien dijo que el juego y la metodología se parecían a una sesión de psicología. Que prácticamente sólo faltaba el diván típico de cuero rojo desgastado por el uso continuado de pacientes y penas.

Nada más lejos de la realidad, como bien dijo Curie. El ambiente de confianza, absoluta complicidad, armonía y respeto que se han fraguado en torno a unos dados va más allá de un sillón. Más allá del juego mismo. Un diván no invita a quedarse y por desgracia o por fortuna, el estigma que los rodea es elevado. Sin embargo, un juego que invita a la creatividad y reflexión de los participantes, sin temor a la exposición, es otra cosa. Otro camino a escoger.

Tras esta actividad, era hora de centrarnos en los pequeños grandes juegos. Tras varios años empleando los juegos de mesa para el entrenamiento neurocognitivo, he observado que en un 70%, los juegos de aspecto y cajas más pequeñas son a menudo los que más gustan. “Juegos portátiles” y este no iba a ser una excepción. Tocaba jugar al Pick A Perro.

Un juego excepcional para trabajar en grupo la velocidad de procesamiento, agilidad mental, control inhibitorio o motricidad. Su dinámica invita a la diversión y sobre todo a una risa asegurada en grupo. De igual modo y como suele pasar con casi todos los juegos (me atrevería a decir que todos), es perfectamente “tuneable” o “customizable”. Hay términos para aburrir y no quiero que sea el caso.

Es factible realizar un Pick A Perro “casero” en grupo, con las imágenes que se quieran trabajar. Ya sea con personas mayores o para asignaturas concretas dentro del currículo ordinario en centros escolares. Los juegos admiten este componente sin dejar a un lado el componente de la emoción y el aprendizaje. (Ojo, dato importante)

Tras diferenciar entre perros morfológicamente parecidos aunque inconexos, aún quedaban unos minutos. Unos momentos para emplear uno de los juegos estrella en el taller. Y es que no hay nada como los clásicos.  Hablo como no podía ser de otra manera del Stop, Tutti Frutti o Scattergories. Juego que me acompañó durante muchos de mis años escolares, durante el intercambio de clases. Las ocurrencias que plasmábamos en papel con la presión del poco margen del que disponíamos, daba lugar a auténticas batallas lingüísticas.

Es uno de los juegos que más disfrutan y con el que se encuentran más relajados trabajando. Por no decir, que es un excelente recurso para favorecer el entreno de la atención y memoria. Una metodología que nunca estará marchita pues es un juego que no tiene edad, ni tiempo. Debes focalizar tu atención en las categorías a rellenar y acudir a tu banco personal de memoria. Todo ello al mismo tiempo que intentando asegurarte no coincidir con los demás participantes.

Tal es el buen uso que les proporciona este juego, que ya han comenzado a surgir diferentes estrategias. Desde los nombres o ciudades más inhóspitas, a la pura simplicidad de los datos, pues en ocasiones es el mejor camino.

Una vez acabado este magnífico juego, todos los ojos fueron a posar sobre Lope. Enseguida brotaron las risas. Estábamos deseando ver que contenía su bolsa, nuestros regalos. El que mejor se lo pasó fue él, ya que a carcajada limpia saco de su bolsa una botella de Coñac, vasos de chupito y bombones. Nada mejor para celebrar este gélido enero.

Y hasta aquí, puedo leer.

Espabila que sonreír es gratis.

 

Alex Campos Urrutia

@Rodia_Ps   @Educarlex_es

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